La Mayordomía Bíblica

Te has preguntado ¿cómo debe ser la mayordomía responsable o lo que es lo mismo la mayordomía bíblica? quizás no te hayas dado cuenta de esto pero esa es la 2da pregunta más importante de la vida. La primera es: ¿Qué has hecho con mi hijo Jesucristo? pero una vez que hayas arreglado lo de tu salvación tienes que arreglar el asunto de tu mayordomía ¿qué tienes en tu mano? o ¿qué has hecho con los bienes, propiedades y recursos que  te di para administrar? Estos son los 2 grandes temas de la biblia: salvación y la mayordomía.

Génesis 1:28 es conocido como la “MISIÓN DEL SER HUMANO DADA POR DIOS”. La cita dice: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. Génesis 1:28 (RVR 1960)

Aquí vemos claramente que Dios le da el rol al hombre de administrador del planeta tierra. Es decir ahora el hombre es el mayordomo. Recordemos que mayordomía es la administración cuidadosa y responsable de la propiedad de otro, la cual ha sido encomendada al cuidado de uno. Y mayordomo es: Uno que maneja o dirige la propiedad o los asuntos de otro.

A lo largo de la biblia deja claro que nacimos para administrar lo que es de Dios y que un día daremos cuenta ante nuestro creador. Usted tal vez se sorprenderá si le dijera que nosotros no poseemos nada. Nos hemos educado diciendo: Esta es mi casa, mi dinero, mi familia, mi vida, mi tiempo, mis talentos, etc. Pero debemos confesar que nosotros no somos los dueños en el sentido más literal de la palabra dueño, pues la Biblia nos enseña que todas las cosas pertenecen a Dios. Esto nos incluye a nosotros mismos y a todas las cosas que él ha puesto a nuestro cuidado. Sólo cuando llegamos a aceptar el hecho de que somos administradores y no dueños, surge el deseo de dar de buena gana. El mayordomo fiel reconoce esta gran verdad y por consiguiente, maneja su vida y sus posesiones de una mejor manera ya que desea agradar a Dios. Hay dos razones principales por las que el hombre piensa que él es dueño, una es porque es orgulloso y dos porque rechaza el cargo de mayordomo que Dios le ha dado.

El concepto de la mayordomía cristiana se ha entendido muy limitadamente, por varias razones entre otras una es porque sólo se enseña una parte pequeña de la mayordomía, dos es porque la mayordomía se enseña en términos de dinero y tres porque poco se enseña mayordomía a todas las áreas de la vida. Las áreas principales de la mayordomía es lo que se conoce como: las cuatro “T”, Tiempo, Talentos, Templo (el cuerpo) y Tesoros (tus finanzas) lo que quiero decir es que en todo sentido somos mayordomos, usted puede pensar, ¡yo me he ganado todo por mí mismo y con mucho esfuerzo! Recuerde lo que dice Deuteronomio 8:17-18… “y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, […] y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tú Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas,…” ósea no tenemos nada de que gloriarnos porque aun las fuerzas él nos la da. Dios quiere que seamos buenos mayordomos en todas las áreas de nuestras vidas.

La vida de mayordomía de un individuo depende de cuánto conoce de las indicaciones del fabricante, de las indicaciones del creador de la vida. La mayordomía de la vida, la buena mayordomía de la vida es el resultado de la madurez de un individuo. No existen inmaduros buenos mayordomos, ni existen maduros malos mayordomos. Cada persona puede vivir una vida fructífera y realizada dependiendo de cuanto caso le hace al creador de la vida.

Un pasaje bíblico muy diciente con respecto a la mayordomía se encuentra en Mateo 25:14-30 La parábola de los talentos, aquí se muestra claramente cuatro puntos; primero que todos tenemos talentos, dos no todos tenemos el mismo número de talentos, tercero algunos rehúsan usar sus talentos y cuarto no usar tus talentos es un asunto serio. Si realmente comprende el significado completo de esta verdad, ésta revolucionará su vida y ministerio. Y, sin duda, ésta cambiará su manera de pensar y de vivir.

Jonny Alexander Cely Vega